Vacunación en retroceso: la confianza persiste, pero el acceso y la desinformación

Aunque el país mantiene altos niveles de confianza en las vacunas, especialistas advierten sobre una caída sostenida en la cobertura, especialmente entre jóvenes y adultos mayores, impulsada por barreras estructurales y un fenómeno creciente de desinformación.

La Argentina enfrenta un escenario sanitario complejo: mientras la confianza en las vacunas se mantiene en niveles elevados, la cobertura efectiva muestra señales de retroceso en distintos grupos etarios. El problema ya no se limita a la infancia, sino que se extiende a adultos y personas mayores de 65 años, quienes en muchos casos no acceden a las dosis recomendadas para su edad.

De acuerdo con el Índice de Confianza y Acceso a las Vacunas de la Fundación Bunge y Born, el país registra un nivel de confianza cercano al 86%, ubicándose por encima de varios países de la región. Sin embargo, ese indicador positivo no se traduce automáticamente en mayores tasas de vacunación. El fenómeno responde a una combinación de factores que exceden la mera aceptación de las vacunas.

Uno de los principales desafíos identificados por especialistas es la aparición de una reticencia difusa y multicausal. Este fenómeno está fuertemente influido por la circulación de desinformación en redes sociales, que en algunos casos es replicada incluso por profesionales de la salud. A esto se suma la falta de recomendación activa por parte de los equipos sanitarios, un elemento clave para incentivar la vacunación en la población.

La franja etaria más afectada por esta problemática es la de jóvenes de entre 15 y 25 años. En este grupo, la percepción de riesgo es considerablemente menor, lo que reduce la predisposición a completar esquemas de vacunación. La disminución en la circulación de enfermedades prevenibles, producto del éxito histórico de las campañas sanitarias, generó una sensación de falsa seguridad que hoy juega en contra.

A las barreras culturales se suman obstáculos concretos de acceso. Horarios restringidos en centros de salud, largas distancias hasta los vacunatorios y dificultades para ausentarse del trabajo son factores que inciden directamente en la caída de la cobertura. Estas limitaciones afectan particularmente a los sectores más vulnerables, profundizando las desigualdades en el sistema sanitario.

En este contexto, expertos coinciden en la necesidad de reforzar las estrategias de comunicación, mejorar la accesibilidad a los servicios y recuperar el rol activo del personal de salud en la recomendación de vacunas. La combinación de confianza alta y cobertura baja expone una brecha que requiere respuestas urgentes y coordinadas.

El desafío, advierten, no es convencer a una población que mayoritariamente cree en las vacunas, sino garantizar que pueda acceder a ellas de manera oportuna y con información clara, confiable y basada en evidencia. Solo así será posible revertir la tendencia y sostener los logros alcanzados en materia de salud pública en las últimas décadas.