
La desregulación del comercio exterior impulsada por el Gobierno aceleró el ingreso de alimentos importados a los supermercados argentinos. Con precios entre 15% y 30% más bajos que los nacionales, la mayor competencia entusiasma a los consumidores, pero enciende alertas en la industria alimenticia.
Las góndolas de los supermercados argentinos atraviesan una transformación visible. Tras la desregulación del comercio exterior, se consolidó un fuerte crecimiento de alimentos importados que ya compiten de igual a igual —y en muchos casos con ventaja de precio— frente a la producción nacional. El fenómeno se percibe con mayor intensidad en las grandes cadenas, donde reaparecieron marcas que habían desaparecido durante años por las restricciones a las importaciones.
Relevamientos periodísticos de Infobae y Clarín coinciden en que hoy es habitual encontrar productos provenientes de Europa y América Latina, identificados con banderas en góndola y valores que captan la atención del consumidor. Uno de los regresos más simbólicos es el de Conaprole, la cooperativa uruguaya que volvió a comercializar manteca, dulce de leche y crema. En el rubro de dulces y panificados también reaparecieron las tradicionales galletitas danesas en lata azul, como Jacobsen Wonderfull y Dan Cake, junto a cafés premium como Lavazza y Viaggio.
El principal motor del cambio es el precio. En categorías como conservas, café y lácteos, los productos importados se ofrecen entre un 15% y un 30% más baratos que los nacionales, una diferencia que explica su rápida expansión en góndola. En el segmento de conservas, marcas ecuatorianas de atún como Bulnez y Máxima se venden a valores inferiores a los de las marcas locales. Algo similar ocurre con los fideos: la marca albanesa Pasta Bella ronda los $1.498, frente a los cerca de $1.800 que cuesta una marca líder de producción nacional.
El ingreso de alimentos frescos también muestra un crecimiento sostenido. En el Mercado Central se observan naranjas españolas, manzanas chilenas y bananas ecuatorianas, mientras que las importaciones de carne —principalmente desde Brasil— se dispararon un 580% interanual en 2025, según datos del propio sector cárnico. Para el Gobierno, esta mayor apertura y competencia es una herramienta clave para presionar a la baja los precios y contener la inflación en alimentos, uno de los rubros más sensibles del índice de precios al consumidor.
Sin embargo, desde la industria alimenticia advierten sobre los efectos colaterales. Cámaras empresarias y productores señalan que la elevada carga impositiva, los costos laborales y la logística interna reducen la competitividad de la producción local frente a productos que llegan desde el exterior con menores costos estructurales. En ese contexto, alertan que, sin una revisión integral del esquema impositivo y de costos, el avance de los importados podría traducirse en pérdida de participación de mercado para las pymes nacionales.
El boom de alimentos importados redefine el mapa del consumo en la Argentina: más variedad y precios más bajos para los consumidores, pero un escenario desafiante para la industria local. El equilibrio entre competencia, inflación y sostenibilidad productiva aparece así como uno de los debates centrales de la nueva etapa económica.